Las humedades en las fachadas (2). Humedades por capilaridad

Esta es una de las patologías más importantes relacionadas con la humedad. Todos los edificios tienen algún tipo de contacto con el terreno y, por lo tanto, están expuestos al agua que queda encharcada tras un día de lluvia o que sale de una tubería enterrada con fugas.

La capilaridad es un proceso que todos podemos ver si colocamos una esponja sobre un pequeño charco de agua. Las gotas impregnan la esponja y suben por sus poros. Esto sucede igual con un ladrillo, una piedra u otro material de construcción. Por pequeños que sean sus poros, todos los contienen, y por ellos correrá el agua.

Los poros y su importancia en la capilaridad

En realidad, la clave no está en lo grande que sea un poro, sino en lo comunicado que esté con otros poros. Si existe un camino por el que ir de un poro a otro, la gota de agua lo recorrerá y seguirá su ruta. Por lo tanto, lo ideal es que el material tenga poros aislados y así cortarle el paso a las humedades. Si esto no es posible, lo que debemos hacer es colocar algún tipo de barrera.

También es importante saber qué grosor tienen los capilares (las autopistas por las que corre el agua en su ascenso). Cuanto más estrechos sean, más subirá el agua, porque le costará menos esfuerzo desplazarse por sí misma. La capilaridad se da de abajo hacia arriba, y la tendencia del agua es a ir de arriba hacia abajo, siguiendo la ley de la gravedad. Por tanto, si el conducto por el que sube es estrecho, lo tendrá más fácil y llegará más alto.

A veces, el lugar por el que entra el agua y el lugar donde la encontramos están a bastante distancia. Esto complica el diagnóstico, porque, a mayor distancia entre los dos puntos, más posibles puertas de entrada y más causas para las humedades.

Cómo actúa la capilaridad

  • El origen más común está en el terreno. Incluso los suelos más secos contienen agua, y los edificios construidos cerca de ríos, torrentes o antiguos cauces se asientan en terrenos más húmedos que el resto. El nivel freático (el agua que contiene el terreno) está más cerca de la superficie, y por lo tanto es más fácil que encontremos agua en estas zonas
  • La ventilación es un factor a tener muy en cuenta. Cuanto menor sea, más se acumulará el agua, y más tiempo tendrá para subir por nuestra fachada. Por eso, los sótanos suelen ser los lugares donde más agua se concentra. Además de estar siempre en contacto con el terreno, suelen estar poco ventilados
  • La orientación es un factor muy importante. Cuanto más al norte, menos sol directo recibe el muro, y por lo tanto el agua tiene más tiempo para acumularse. Además, al ser zonas más frías, cuando baja la temperatura es más fácil que ese agua se hiele y cause desperfectos en la fachada. También es más fácil que el agua penetre en el edificio en invierno, al ser mayor la diferencia de temperatura cuando se enciende la calefacción

Cómo identificar una humedad por capilaridad

  • Eflorescencias en la parte baja del muro. Son manchas de aspecto blanquecino, provocadas por las sales presentes en el agua. Cuando el líquido se evapora, quedan esas sales y se acumulan
  • Desconchados y desprendimientos en el revestimiento del muro. Si hemos colocado mortero, piedra o cualquier otro material de acabado, la acción del agua le empujará y, si transcurre suficiente tiempo, el agarre puede ceder y desprenderse por completo
  • La base del muro se oscurece por la presencia del agua. Muchas veces es apenas perceptible y tiene sólo unos milímetros de ancho, o quizá unos pocos centímetros. En casos puntuales, puede alcanzar hasta 80 cm, o incluso más

Cómo reparar una humedad por capilaridad

Una vez hayamos identificado el origen de esa humedad, y sepamos si es un problema puntual (por una fuga o un episodio intenso de lluvias) o permanente, tenemos varias opciones a nuestro alcance. En todas ellas, buscaremos siempre dos objetivos: reducir el flujo de agua y aumentar la evaporación. Si logramos ambas cosas, los resultados serán mejores y más duraderos.

Si el agua está únicamente en el exterior, intervendremos desde fuera.

Opción 1: Canal de drenaje

Para eliminar el agua y evitar que vuelva, crearemos un drenaje que la expulse. Esta medida es eficaz si el agua freática (la que contiene naturalmente el terreno) está por debajo de los cimientos. Se excava el perímetro y se coloca un tubo siguiendo el muro para recoger el agua y canalizarla a la red general o a un punto donde no cause problemas. En la imagen se puede ver un ejemplo de solución por drenaje.

Opción 2: Ataguías

Esta solución consiste en muretes de tierra o tablestacas que impiden el paso del agua y la desvían hacia lugares más convenientes para nuestro edificio

Opción 3: Pozos de drenaje

En este caso, se crea un pozo al que se acopla una bomba de achique con el objetivo de rebajar la cota de agua freática. La ventaja de este método es que podemos hacerlo dentro del edificio si es necesario, algo muy útil en construcciones dentro de un núcleo urbano

Opción 4: Aireación por puntos

Se perforan una serie de huecos a intervalos regulares en el muro y se insertan tubos de pvc o cerámica para aumentar la ventilación natural del muro

Opción 5. Impermeabilización

Esta solución consiste en colocar una lámina de betún, pvc u otros materiales impermeables en la base del muro, como si fuese una manta. Para ello, hay que picar la base del muro lo suficiente para que la lámina pueda embeberse y recubrirse luego con mortero u otro material. Esta solución ya se emplea en edificios modernos.

Es conveniente que la lámina abrace tanto el suelo como el muro, en este caso hasta una altura de al menos 30 cm. Esto lo protegerá de las humedades por capilaridad y de las que tengan un origen diferente.

En próximos posts, os hablaremos de las humedades que se producen por filtraciones de agua.

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