Las humedades en las fachadas (3). Humedades por filtración

Esta patología se produce por la entrada de agua desde el exterior del cerramiento. Los efectos suelen verse a simple vista en forma de manchas. Los puntos más vulnerables a su acción son las juntas entre elementos constructivos, especialmente el ladrillo y la piedra.

Esto sucede porque el mortero que une los ladrillos se contrae al secarse. Esto hace que se cree una fisura debajo del ladrillo, por la cual puede entrar el agua. En las juntas verticales, el problema es que suelen ejecutarse de forma deficiente y el mortero no cubre todo el espacio.

En los remates superiores de la fachada, las piezas de piedra o cerámica pueden tener poca pendiente o unas juntas con defectos. El agua puede penetrar por estos puntos, mucho más permeables, y ocasionar daños en el interior.

Dónde más podemos encontrar humedades por filtración

En cualquier encuentro de la fachada con planos horizontales o inclinados, o en los elementos de remate de los huecos de la misma fachada. Las razones son las mismas que hemos mencionado antes. Hemos de tener claro que, a más porosidad del material implicado, más probabilidades hay de que el agua se filtre al interior.

Una pendiente adecuada de los elementos horizontales implicados es fundamental. Debe ser descendente hacia el exterior, con un mínimo del 2%, y los elementos han de estar correctamente colocados y rejuntados y estar en buenas condiciones. Cualquier fallo o defecto en una sola de estas condiciones abre la puerta a una filtración al interior de nuestro edificio.

Si hablamos de balcones, este asunto adquiere aún más importancia, sobre todo cuando el antepecho es macizo. El drenaje del agua él suele hacerse con un tubo que actúa a modo de gárgola. Cualquier problema en él aumenta el riesgo de filtraciones.

Las medianeras al descubierto que vemos en nuestras ciudades son otro foco de riesgo, por las mismas razones. Las juntas entre materiales son siempre el punto más débil, y la puerta de entrada al agua.

Cómo actuar

  • Si la filtración se debe a la porosidad del material, suele ser suficiente revestirlo. Es importante, eso sí, que el revestimiento sea de poro abierto para que la fachada pueda ventilarse y evitar la acumulación de agua. Podemos colocar una pintura especial, un revoco hidrófugo, un panel sandwich o un aplacado de piedra o cerámica. Cuando se trate de una fachada de ladrillo, podemos optar por una pintura transparente para mantener el aspecto exterior. En este caso, conviene renovar el tratamiento cada cierto número de años, no más de diez
  • Si el origen está en una junta, la primera medida es sanearla y repararla. Si los elementos que la envuelven se hallan en mal estado, hay que sustituirlos previamente
  • En terrazas y balcones donde la causa sea la falta de pendiente, hemos de aumentar la inclinación. Si es necesario, la modificaremos para que el agua se evacue adecuadamente. También hemos de añadir rodapiés en el perímetro para evitar que el agua que aun así se acumule no pase al interior del edificio
  • En balcones cerrados, hay que impermeabilizar el suelo y hacer que remonte por las paredes hasta una altura de entre 15 y 20 cm. Asimismo, nos aseguraremos de que los tubos de drenaje funcionen correctamente, y que la impermeabilización los incluya.

En próximos posts, os hablaremos de las humedades que se producen por condensaciones de agua.

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